sábado, noviembre 18, 2006

Estética de los astros

Se negaba a cambiar la lamparita osram por una de bajo consumo, argumentando que así perdería su estética astronómica.
De hecho, el foquito colgaba del cablerío depositando sus 60 wats en el centro mismo de la habitación y a tres cuartos de su altura, convirtiéndose así en el débil sol en derredor del cual orbitaba el cocinero de turno en recorridos tortuosos, más propios de electrón que de planeta, sintiéndose, tal vez, influenciado por caprichosas fuerzas externas. Comprender, o siquiera aventurar una hipótesis a cerca de los recorridos del cuerpo celeste, o castaño claro con torbellinos rulosos y brillantes, era digno de científicos de la NASA, gente que no tiene los pies en la tierra por más de 2 segundos en sus cavilaciones reflexivas.
Es que quizás el oscuro sol con su filamento interno hecho cenizas, valía más por su forma que por su función y no resistiría más de unos instantes su substituto alargado, blanco y de luz fría, no por su fragilidad constitutiva sino por su intrínseco aire despectivo para con lo estético-funcional, lo cual acarrearía inevitablemente una reacción digna de un ser para el cual lo estético era siempre prioridad. Los añicos sobre el suelo de la cocina eran mucho más valiosos. No se había derramado antes, en aquel territorio, ninguna harina de la cual se pudiera decir que fuera polvo de estrellas...